Nuestro contacto con el mundo ahora tiene forma de ventana. Tengo la suerte de estar rodeado de personas balsámica. Personas que cuando hablan contigo te miran a los ojos y además lo hacen con una sonrisa. Tengo vecinos que conozco desde hace tiempo y otros que he conocido estas semanas de cuarentena. Desde mi ventana aprecio olores increíbles a la hora de la cena. Ese ajo que tanto me gusta y esos aromas porteños que me hacen salivar de una forma irracional. Afortunadamente hemos cambiado el estresante sonido de los coches por la sutileza del acordeón y la alegría que emanan los altavoces del vecino del portal contiguo. Ahora los psicólogos lo llaman ser RESILIENTE, y como ellos saben mucho de esas cosas, solo nos queda escucharles y seguir sus consejos
Como único objetivo, dejar testimonio de lo que suena a nuestro alrededor

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