Mi ventana se ha llenado de color y de alegría. Desde primera hora he visto algo diferente. Niños y padres responsables. Todos disfrutando de la salida y de un día lluvioso y especial. Patinetes, pelota y bicicletas como protagonistas de la jornada. Me faltaron gritos, carreras y alguna sonrisa más. Pero eso vendrá en los próximos días. Parafraseando al filósofo y pedagogo Tonucci, sería bueno dejar la ciudad a los niños por un día. Si ellos tomasen el mando, seguro que la nave tomaría el rumbo adecuado en una décima de segundo.
Como único objetivo, dejar testimonio de lo que suena a nuestro alrededor

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