Mi ventana se ha llenado de color y de alegría. Desde primera hora he visto algo diferente. Niños y padres responsables. Todos disfrutando de la salida y de un día lluvioso y especial. Patinetes, pelota y bicicletas como protagonistas de la jornada. Me faltaron gritos, carreras y alguna sonrisa más. Pero eso vendrá en los próximos días. Parafraseando al filósofo y pedagogo Tonucci, sería bueno dejar la ciudad a los niños por un día. Si ellos tomasen el mando, seguro que la nave tomaría el rumbo adecuado en una décima de segundo.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

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