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Día 25 Coronavirus


Se acumulan en mi tarjeta de memoria muchas imágenes. Una ventana al mundo y una escuela de vida de un valor impagable. Estoy haciendo amigos, viviendo vidas ajenas, acompañando a repartidores, descubriendo vecinos, tomando el sol y abriendo el corazón a los más desfavorecidos. Pero hoy me quedo con las ganas de volar y de sentir el aire en la cara. Desde mi ventana hoy se escuchó al cuco cantar, a los perros ladrar y el graznido de las gaviotas peleándose por su comida. Mientras escribo el tenue sol nos invita a salir a la ventana y saludar a los vecinos. Disfrutemos sin prisa de estos pequeños placeres que nos da la vida, que seguramente vendrán días más tristes.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana