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Día 41 Coronvirus


Ventanas abiertas en mi ciudad. Abiertas para lo bueno y para lo malo. Compartimos saludos, aplausos, música y encierro. Veo buena gente, personas trabajadoras y responsables. Hay familias que desprenden amor. Niños alegres. Pero me dicen que en otras ventanas hay poca luz y mucha intransigencia. Que se abuchea a los que van en bicicleta al trabajo, que denuncian a los que salen con sus perros a pasear. Y un amigo me ha hablado de un niño con TEA, que tiene que escuchar reproches en cada paseo. Siento repetirme pero hemos de ser más comprensivos con nuestros conciudadanos y sobre todo EVITEMOS JUZGAR A LOS DEMÁS.Bastante tenemos con aguantar nuestra vela.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana