Ventanas abiertas en mi ciudad. Abiertas para lo bueno y para lo malo. Compartimos saludos, aplausos, música y encierro. Veo buena gente, personas trabajadoras y responsables. Hay familias que desprenden amor. Niños alegres. Pero me dicen que en otras ventanas hay poca luz y mucha intransigencia. Que se abuchea a los que van en bicicleta al trabajo, que denuncian a los que salen con sus perros a pasear. Y un amigo me ha hablado de un niño con TEA, que tiene que escuchar reproches en cada paseo. Siento repetirme pero hemos de ser más comprensivos con nuestros conciudadanos y sobre todo EVITEMOS JUZGAR A LOS DEMÁS.Bastante tenemos con aguantar nuestra vela.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

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