Ventanas abiertas en mi ciudad. Abiertas para lo bueno y para lo malo. Compartimos saludos, aplausos, música y encierro. Veo buena gente, personas trabajadoras y responsables. Hay familias que desprenden amor. Niños alegres. Pero me dicen que en otras ventanas hay poca luz y mucha intransigencia. Que se abuchea a los que van en bicicleta al trabajo, que denuncian a los que salen con sus perros a pasear. Y un amigo me ha hablado de un niño con TEA, que tiene que escuchar reproches en cada paseo. Siento repetirme pero hemos de ser más comprensivos con nuestros conciudadanos y sobre todo EVITEMOS JUZGAR A LOS DEMÁS.Bastante tenemos con aguantar nuestra vela.

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