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Día 31 Coronavirus

Se acumulan historias, conversaciones, lectura y canciones a estas horas de la tarde. Pero me quedo con las lágrimas de ese anciano, abandonado a su suerte por falta de respiradores en el hospital de nuestra ciudad. Un respeto para nuestros mayores. Suerte que luego han venido los abrazos virtuales de mis alumnos y sus familias. Necesitamos esos abrazos de la imagen, necesitamos la mirada cómplice de los que nos rodean. Necesitamos sentirnos queridos y querer. Desde mi ventana se ve con tristeza el virus de la soledad. Ancianos cargando con la compra de la semana. ¡Dónde está su familia! Que forma es esa de vivir sus últimos años. Lástima que dejemos para el final lo que verdaderamente importa. Siento envidia de ese abrazo desproporcionado que se dieron después de una conversación disparatada. Los " fuera de la ley" también se merecen algo mejor.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana