Se acumulan historias, conversaciones, lectura y canciones a estas horas de la tarde. Pero me quedo con las lágrimas de ese anciano, abandonado a su suerte por falta de respiradores en el hospital de nuestra ciudad. Un respeto para nuestros mayores. Suerte que luego han venido los abrazos virtuales de mis alumnos y sus familias. Necesitamos esos abrazos de la imagen, necesitamos la mirada cómplice de los que nos rodean. Necesitamos sentirnos queridos y querer. Desde mi ventana se ve con tristeza el virus de la soledad. Ancianos cargando con la compra de la semana. ¡Dónde está su familia! Que forma es esa de vivir sus últimos años. Lástima que dejemos para el final lo que verdaderamente importa. Siento envidia de ese abrazo desproporcionado que se dieron después de una conversación disparatada. Los " fuera de la ley" también se merecen algo mejor.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

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