Mi ventana se ha convertido en un hide que dicen los modernos. Yo lo llamaría un observatorio de aves. Decenas de gaviotas, palomas, pegas, gorriones y hasta un precioso petirrojo vienen a visitarme casi a diario. La primavera avanza de forma inexorable, los árboles empiezan a florecer, y las gaviotas se aparean de forma salvaje. La farola que ilumina la avenida es un posadero magnífico y sin falta de cebarlo, me brinda ese gran momento, al que asisto en silencio y con admiración. La naturaleza es muy sabia y en este momento creo que deberíamos seguir su ejemplo. ¡Menos hablar y más laborar!
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

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