Lo que ha sido un amanecer precioso y prometedor, se ha convertido en una mañana inquietante. Los eficientes servicios de limpieza de la ciudad han empezado a desinfectar nuestra avenida. Esas "mochilas" azules (mi abuelo las llamaba sulfatadoras) y esos productos químicos dan un poco de miedo. Parece una tarea complicada desinfectar el planeta tierra con este tipo de prácticas. No podemos tocarnos pero tampoco podemos tocar el timbre, nuestras llaves, los móviles, los pomos de las puertas, los pasamanos, las bolsas de la compra. Menos mal que todavía no está mal visto acariciar a nuestro perro.
Como único objetivo, dejar testimonio de lo que suena a nuestro alrededor

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