Lo que ha sido un amanecer precioso y prometedor, se ha convertido en una mañana inquietante. Los eficientes servicios de limpieza de la ciudad han empezado a desinfectar nuestra avenida. Esas "mochilas" azules (mi abuelo las llamaba sulfatadoras) y esos productos químicos dan un poco de miedo. Parece una tarea complicada desinfectar el planeta tierra con este tipo de prácticas. No podemos tocarnos pero tampoco podemos tocar el timbre, nuestras llaves, los móviles, los pomos de las puertas, los pasamanos, las bolsas de la compra. Menos mal que todavía no está mal visto acariciar a nuestro perro.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

Comentarios
Publicar un comentario