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Día 19 Coronavirus



Nadie se acuerda hoy de las personas autistas, no de que la literatura infantil puede darnos muchas alegrías En las colas del banco se respira desasosiego. En el locutorio suena más despacito la música. Escucho conversaciones hablando de la falta de liquidez. Estoy en una situación muy jodida. El vagabundo sigue ajeno a lo que está pasando. Los empleados del Carrefour express reparten al acabar la jornada y desinteresadamente la compra a los abuelos. Los vecinos saludan con amabilidad desde sus ventanas. En mi casa reina la armonía. Hoy he visto a dos niños cruzando el paso de peatones. La ciudad sin ruidos es más habitable. Alguien sigue dejando pan para las palomas. Los perros siguen dando alegrías a sus dueños Disfrutemos del momento que esto va muy rápido y está totalmente descontrolado.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana