En estos días que corren, el pasaporte para salir de casa es el carrito y los perros. Desde mi ventana observo las interminables idas y venidas de propietarios de perros y los habituales paseos de carritos vacíos, medio llenos y llenos a reventar. Hoy he visto carreras a primera hora para evitar las colas del supermercado y he sentido por un instante cierto temor. Me da la impresión que la lluvia hace más perezosos a los perros o a sus dueños. Y el incomprensible ir y venir de los furgonetas frigoríficas de pescaderias.

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