El chico de a la imagen lleva en su caja material muy frágil. Le he visto sacar libros, revistas, periódicos, canciones, películas, obras de teatro, cuadros, fotografías, documentales, series de acción y de animales, películas de animación, instrumentos musicales, partituras, libros escolares y alguna cosa más. Imagino que su acompañante tiene la delicada misión de apuntalar todo este descalabro cultural que se nos viene encima. Lo cierto es que todas estas actividades nos están haciendo más llevadero este espantoso confinamiento. De ellas dependen un montón de familias y mi deseo es que vivan confortablemente haciendo lo que más les gusta. En mi banco he podido contemplar la escena que veis y que para este bonito día del libro me parece la más adecuada. Pero no os creáis todo lo que veis, aunque la fotografía esté firmada por el que escribe.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

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