Se apoderó de mi un cierto temor. Su mirada amenazante me hizo sentirme muy pequeño. En ese momento una gaviota madrugadora se me acerco. Quería decirme algo pero recelaba de un humano desconocido, enjaulado y con un artefacto peligroso entre sus manos. El aire primaveral aproximaba el inquietante rostro a mi ventana. La situación se estaba haciendo insostenible. Tenía que tomar una decisión en décimas de segundo. Decidí cerrar los ojos y concentrar mi mente en lo que más deseaba VOLAR COMO UNA LARUS ARGENTATUS
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

Comentarios
Publicar un comentario