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Día 18 Coronavirus

 Desde mi ventana esas luces acabaron derrotando a las sombras. Pero me quedo con la tierna imagen de los abuelos abrazándose. Lo cierto es que no son de los habituales y por eso me sorprendieron aún más. Tan mayores y tan juntitos. En esas horas de observación mi imaginación se dispara y en ellos veo una vida llena de vaivenes. Y ahora que seguramente están viviendo su momento más dulce, se han llenado de miedo y de dudas. Pero el poder de la mente es muy fuerte y aún más el poder del amor. 

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana