Se acumulan en mi tarjeta de memoria muchas imágenes. Una ventana al mundo y una escuela de vida de un valor impagable. Estoy haciendo amigos, viviendo vidas ajenas, acompañando a repartidores, descubriendo vecinos, tomando el sol y abriendo el corazón a los más desfavorecidos. Pero hoy me quedo con las ganas de volar y de sentir el aire en la cara. Desde mi ventana hoy se escuchó al cuco cantar, a los perros ladrar y el graznido de las gaviotas peleándose por su comida. Mientras escribo el tenue sol nos invita a salir a la ventana y saludar a los vecinos. Disfrutemos sin prisa de estos pequeños placeres que nos da la vida, que seguramente vendrán días más tristes.

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