Se acumulan en mi tarjeta de memoria muchas imágenes. Una ventana al mundo y una escuela de vida de un valor impagable. Estoy haciendo amigos, viviendo vidas ajenas, acompañando a repartidores, descubriendo vecinos, tomando el sol y abriendo el corazón a los más desfavorecidos. Pero hoy me quedo con las ganas de volar y de sentir el aire en la cara. Desde mi ventana hoy se escuchó al cuco cantar, a los perros ladrar y el graznido de las gaviotas peleándose por su comida. Mientras escribo el tenue sol nos invita a salir a la ventana y saludar a los vecinos. Disfrutemos sin prisa de estos pequeños placeres que nos da la vida, que seguramente vendrán días más tristes.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

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