Desde mi ventana esas luces acabaron derrotando a las sombras. Pero me quedo con la tierna imagen de los abuelos abrazándose. Lo cierto es que no son de los habituales y por eso me sorprendieron aún más. Tan mayores y tan juntitos. En esas horas de observación mi imaginación se dispara y en ellos veo una vida llena de vaivenes. Y ahora que seguramente están viviendo su momento más dulce, se han llenado de miedo y de dudas. Pero el poder de la mente es muy fuerte y aún más el poder del amor.

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