Desde mi ventana esas luces acabaron derrotando a las sombras. Pero me quedo con la tierna imagen de los abuelos abrazándose. Lo cierto es que no son de los habituales y por eso me sorprendieron aún más. Tan mayores y tan juntitos. En esas horas de observación mi imaginación se dispara y en ellos veo una vida llena de vaivenes. Y ahora que seguramente están viviendo su momento más dulce, se han llenado de miedo y de dudas. Pero el poder de la mente es muy fuerte y aún más el poder del amor.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

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