El sonido de las gaviotas invade la avenida cuando el día se despierta. Se han hecho las dueñas de mi barrio. Corretean y se pelean por los restos de comida desperdigados alrededor de los contenedores. Pero desde mi ventana observo una cierta irritación entre los transeúntes. Roces en la cola del súper, reproches desde las ventanas a los transeúntes insolidarios e incluso una discusión entre dos transeúntes que se rozaron al pasar. Tres semanas más para volar, tres semanas que se nos harán largas y en las que deberíamos esforzarnos en sacar lo mejor de nuestro interior.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

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