viernes, 27 de diciembre de 2013

Para arriba


Llega el final de año y uno siente que va cumpliendo años y que su corazón se va ablandando por instantes. Sentado en la plaza mayor viendo el mundo pasar o desde cualquier mirador de la ciudad, solamente puede sentirse tranquilo y feliz viendo la vida pasar. Unas testaradas lágrimas recorrían mis mejillas, hace unos instantes, viendo una tierna y edificante película de niños. Pero el mismo sentimiento me recorre cuando veo a esos vecinos que plagados de problemas físicos, luchan todos los días para cruzar el semáforo en los tiempos establecidos. O los alegres emigrantes que pasan el tiempo sentados en el parque de mi barrio. O el  dueño del bar que doblado por el trabajo y los años, sigue trabajando con una dignidad admirable. O el que todo lo sabe y que vende el cupón, con graves mutilaciones en su cuerpo y cara de serena resignación. O la chica del kiosco que pese a su grave enfermedad te atiende siempre con una gran sonrisa. Todos esos ejemplos que me rodean y que a diario se cruzan en mi camino hacen que entienda muy bien eso de superarse y vivir con alegría cada instante de nuestra vida. 

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