Seguro que la mejor manera de bajar la comida de la noche buena es dando un paseo en bicicleta. Como la ciclogénesis explosiva nos dio una tregua, nos cargamos de energía positiva y nos dispusimos a respirar el aire de la ciudad. Vimos deportistas nadando en las templadas aguas del cantábrico, adultos con sus mejores galas paseando por los típicos lugares de la ciudad, parejas contemplado el tranquilo oleaje, amigos haciendo tiempo hasta la hora de la típica comida de Navidad, las tropas del vikingo de Cimadevilla volviendo a sus aposentos etc. Pero lo que verdaderamente nos gusto fue lo que se respiraba en el ambiente, o por lo menos lo que nosotros respiramos. Sonidos de blues con la mezcla perfecta de góspel muy adecuados para estos días y que nos dejaron nuestro espíritu limpio y preparado para recibir el torrente de buenos momentos que nos esperan estos entrañables días
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