Ni en el mejor de mis sueños me podía imaginar que aquel sábado nos encontraríamos paisajes de una belleza tan deslumbrante. Al girar bruscamente en aquel sendero, apareció como por arte de magia, un valle inundado por un increíble mar de nubes. Nos detuvimos sin apenas hablarnos y comenzamos a hacer comentarios, disparar nuestras cámaras y disfrutar del instante. Por mi mente pasaron en aquellos instantes muchas cosas. El frenesí del momento me llevó a otros lugares en los que ni en los mejores de mis sueños, hubiese soñado con algo parecido. Como es de suponer me pasaron imagenes relacionadas con personas, con situaciones o con momentos muy especiales. Pero volviendo a la realidad y despertando de aquel sueño me encontré, con mi querida Arco iris de fresas, sentado en la terraza de la plaza Mayor de un pueblo con mucho encanto. Llenábamos solamente una mesa y nos acompañaban tres cervezas y unos humildes cafés con leche. No eramos muchos pero eramos los suficientes.Instantes de alegría y de camaradería nos hacían recordar momentos del pasado y hacer planes para el futuro.Amigos entrañables y muy especiales, yo diría que únicos. Solamente tenía ojos para mi querida Arco Iris de fresa y para los kilómetros que recorreremos en el futuro. No se puede pedir más a un momento así, solamente nos queda disfrutarlo y contarlo, contarlo y compartirlo con aquellos que nos escuchan y nos quieren. Por eso hoy quiero compartir contigo este fascinante mar de nubes en el que estoy felizmente metido.
Pedales con Memoria: cuando la montaña te devuelve lo que eres Hay rutas que se vuelven especiales. No por los kilómetros ni por el desnivel, sino por lo que te remueven por dentro. Esta nació de algo muy simple: las ganas de volver. Volver a aquella salida a la que Israel creador de Cabañas y Estacas ( ruta de bikepacking por Cantabria) nos invitó en 2024 y que, sin exagerar, nos dejó huella. De esas que no se borran ni aunque pase el tiempo, ni aunque las piernas ya no respondan como antes. Hace un par de meses lancé el anzuelo a unos cuantos amigos. De los de siempre. De los que ya no necesitan presentación. Gente con muchas batallas en las piernas… y aún más historias en la cabeza. Al final nos juntamos diez bocilovers, cada uno de su padre y de su madre, pero con algo muy claro en común: pasión por la montaña y por exprimir la vida desde el sillín todo lo posible… y un poco más, si se tercia. El parque móvil era para echarle un rato: dobles de BTT de última generación...
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