lunes, 30 de diciembre de 2013

Un día cualquiera del fin de semana en un café, lo vi empezar de nuevo


Veo estas cinco imágenes de los pasados días de fiestas y no dejo de sorprenderme. Hay un poco de todo y lo hay a escasos kilómetros de mi hogar. He presenciado puestas de sol , recorrido  unas sierras preciosas, visto caballos en libertas correteando por las praderas, escuchado el sonido de las raquetas al romper la nieve virgen, sentido el fuerte viento golpeando mi rostro y sorteado el inestable tiempo mientras mi ciudad se llenaba de nubes maliciosas.
Sentado en la terraza de algún café del barrio alto y con el inevitable perfume de las hierbas alucinógenas me doy cuenta que estas historias podrían haberme ocurrido en otros lugares paradisiacos. Que la música de Taylor Switf podría haber sonado en cualquier lugar, pero sonaba en nuestras cabezas. Que los solitarios paisajes estaban allí y que solamente los estábamos disfrutando nosotros. Que la casualidad o Maldonado quiso que las condiciones meteorológicas fuesen esas y no otras. Que el sudor al subir la montaña, la tortilla al acabar la ruta, el descanso en aquel precisos circo y la inestimable compañía hacen que seamos un poco mejores y un poco más felices

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