Un mar de tranquilidad. La humedad del bosque. Colores de otra estación. El delicado sonido del agua deslizándose por las piedras. En la espesura mil voces de aves. El sendero con la tierra casi convertida en barro. Caminar con cuidado para no deslizase hacia el riachuelo. Camino con multiples trampas a base de piedras, agua y surcos. La espesura que hace de la tarde casi la noche. Los silencios que nos permiten encontrarnos con lo ancestral. Las conversaciones que nos llenan de risas y de buenos momentos. Es tiempo de comerse el bosque. Hay que aprovechar los cálidos días de otoño para llenarnos de toda su vida.
El otoño y la primavera son las dos estaciones con un aura mística que me encanta. Charlynos.
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