Quién dice que el otoño es una estación triste. Cuando paseas y miras al suelo te puedes encontrar un universo de colores y una gama de tonalidades que invitan a celebar una gran fiesta.Fiesta como la que me di yo, paseando en compañia del rio blanco y refulgente como la aurora. Un precioso paseo que me sirvio para respirar, llenarme de luz de otoño, sentir el agradable sonido del agua precipitandose sobre las piedras, recibir la dulce caricia del viento. y todo con mucha, mucha calma. En ocasiones dejar la bicicleta aparcada y seguir el camino a pie , te hace ver otras cosas, te hace mantener otras conversaciones y reirte de otra manera diferente..
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
Increibles los colores, son muy buenas.
ResponderEliminarJavier