No soporto llegar al curro mojado, pasarme todo el día empapado. Tener los zapatos húmedos y los pantalones pesandote una tonelada.
Sin embargo me encanta, en mi día libre jugar con los charcos y contemplar las luces y las sombras que se generan a mi paso. Lo de la bolsa que llevo en mi plegable dará para otro post.
Te recuerdo Amanda, la calle mojada, corriendo a la fábrica donde trabajaba Manuel. La sonrisa ancha, la lluvia en el pelo, no importaba nada...
ResponderEliminar¡Victor Jara! ¡Qué grande! ¡Qué pena!
grandes todos estos sonids.
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