Un mar de tranquilidad. La humedad del bosque. Colores de otra estación. El delicado sonido del agua deslizándose por las piedras. En la espesura mil voces de aves. El sendero con la tierra casi convertida en barro. Caminar con cuidado para no deslizase hacia el riachuelo. Camino con multiples trampas a base de piedras, agua y surcos. La espesura que hace de la tarde casi la noche. Los silencios que nos permiten encontrarnos con lo ancestral. Las conversaciones que nos llenan de risas y de buenos momentos. Es tiempo de comerse el bosque. Hay que aprovechar los cálidos días de otoño para llenarnos de toda su vida.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
El otoño y la primavera son las dos estaciones con un aura mística que me encanta. Charlynos.
ResponderEliminar