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La fragilidad de nuestras vidas y como no tirarlas a la basura.




El post de hoy tendría que hablar de Méjica, esculturas, belleza en la calle y un bonito paseo por Poniente. Pero un instante lo cambia todo y una situación te hace ver las cosas de otra manera. A doscientos metros de la costa diviso una embarcación a la deriva. Policía, bomberos, lanchas y un despliegue tremendo. Emilio el Nacional me comenta que hay una operación de recate en marcha. Al lado de la lancha dos cuerpos flotando. En otro lugar más alejado y entre rocas, una silueta de niño aparece intermitentemente. Pasan los minutos y el rostro del niño ya no está. Un helicóptero llega y en unos segundos sube a una persona. No me lo puedo creer, lágrimas se asoman a mi rostro. El muchacho ha desaparecido, mi piel se crispa y la voz apenas me sale. Hablo con mi amigo y sigo sin comprender las cosas de la vida. Es una preciosa mañana de invierno y parece que todo se ha acabado para aquel niño. Me alejo del lugar y me dan la triste noticia de que han desaparecido dos cuerpos y que el niño de las rocas ha sido rescata y está inconsciente. En ese momento suena mi móvil. Le describo a mi interlocutor la escena y nuestra reflexión en voz alta nos lleva a hablar de nuestras vidas, de como las utilizamos y de como las vivimos apasionadamente. Para despedirnos una promesa que aquí queda reflejada. No tirar a la basura ni un segundo del resto de nuestras vidas

Comentarios

  1. Tienes razón Jose, cómo es la vida, cómo un segundo lo cambia todo. No dejo de pensar en ese niño...
    Como dices, hay que intentar aprovechar cada momento. Te deseo lo mejor siempre, empezando por el 2012.
    Un abrazo. Vane

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