No me gustaría ver a mi hijo subido en una de esas bicicletas y tomando los riesgos que esos intrépidos muchachos están tomando. He de reconocer que su corazón y su buena técnica les hacen vivir emociones intensas y disfrutar de momentos inolvidable.
Sin embargo también he de reconocer que para los asuntos de la vida, me gustan las personas que se comportan como esos muchachos. Esas personas que arriesgan, que toman decisiones, que no les gusta estarse quietos. Que saben que la vida solamente se vive una vez y que saben que para vivir hay que estar siempre en movimiento, avanzando, aunque eso signifique sufrimiento, lucha, dolor o pasar penurias. Cuando los veo desde la distancia siento admiración por su coraje y por su determinación. A diario todos tenemos la posibilidad de elegir entre hacer esos descensos temerarios o quedarnos sentados en el sofá de casa. Por fortuna en esta bitácora suelo encontrar amantes de emociones fuertes y de vivencias intensas. Por fortuna estamos al lado de la vida cuando derrocha alegría y pasión. Por fortuna los que por aquí pasamos, nos transmitimos esa ilusión y para mi gran felicidad el aliento de mis seres queridos está impregnado de esas esencias.
Están casi tan "pasaos" del tarro como tú. J
ResponderEliminar