viernes, 16 de diciembre de 2011

Un día de fuerte oleaje.

Era el día perfecto para darse un paseo por los acantilados. Buena temperatura, territorio solitario y unas olas que quitaban el hipo. Pero en ocasiones te encuentras con situaciones diferentes. En el lugar donde más disfruto del mar, de la soledad, de los sueños, me encuentro que hay vida. Un individuo con rastas, tipo perro flauta está iniciando una especie de ritual. Me detengo y me limito a saludarle. El sonido de las olas es muy "gevi" y la luz de la noche pone el resto. Intenta hacer fuego, quemar algo, pero el aire y un mechero del chihchinabo se lo impiden.

En un momento dado se acerca a mi y me solicita ayuda. Me comenta que tiene que quemar una carta y que necesita mi ayuda. Iniciamos una conversación cósmica, yo diría que delirante y en un momento de la misma me dice lo que pretende. Me cuenta que quiere quemar lo negativo de su amada, que su amada en otro lugar mágico está haciendo lo mismo con sus historias pasadas y que se piensa cortar las rastas e iniciar una nueva vida. Saca un termo con una infusión extraña y me ofrece un trago. En un principio dudo si aceptar, pero llegado a este punto de mi vida no me asusta sufrir un envenenamiento o algo parecido. Seguimos un buen rato observando el vaivén de las olas y nos despedimos con un apretón de manos.

Sigo mi recorrido habitual y no deja de sorprenderme lo que te ofrece un día cualquiera de un mes cualquiera si estas dispuesto a escuchar a los demás.

3 comentarios:

  1. Escuchar a los demás, observar el paisaje, vivir cada momento con intensidad, sentir que la vida es eso, no más pero tampoco menos. Me gusta como lo cuentas.t.

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  2. Joer blue. Si el brebaje fuera otra cosa...Un día de estos te hacen mujer. Charlynos.

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  3. jajajajajj me acaba de molar mogollón este post. Un beso.

    Bar

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