Me parecía que la primavera asomaba a mi ciudad pero estaba equivocado. El frió de aquel 14 de Marzo se sumaba a la lluvia que hacia su aparición. En la subida todo era diferente. Mi cuerpo en tensión y las duras rampas que ascendían hasta la colina me impedían sentir frió. Pero al llegar a Latitud: 43.5411111. Longitud: -5.6644444 la cosa cambió. Por suerte la espectacular bajada con la niebla como protagonista absoluta me dejo un buen sabor de boca. Mis manos heladas y mis pies empapados me querían fastidiar el día. Pero una parada para inmortalizar el momento y contemplar el bosque con serenidad hicieron que el que escribe llegase a su casa con la satisfacción en el cuerpo.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

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