Para llegar a lo más profundo del bosque tuvimos que dejar nuestras queridas monturas. Siguiendo el curso del río atravesamos una decena de puentes. El río penetraba en el valle y poco a poco se mostraba más dulce. El calor de los últimos días unido al agua caída nos hacen pensar que la primavera está a punto de estallar. Un bosque profundo, un río azul intenso y lleno de sonoridad nos metian de lleno en el paraíso. No teníamos prisa por salir de él. La luz de la tarde y el sonido del agua golpeando las piedras creaban una atmósfera única. Habíamos llegado a aquel lugar de casualidad. Siempre encuentras un lugareño al que escuchar. Es el interior de Gálica y la gente habla el mismo lenguaje que nosotros.
Ha sido un fin de semana lleno de luz y de belleza pero no habría sido lo mismo sin las personas que me han acompañado empezando por mi compañera y acabando por todos los habitantes del triángulo dos trasnos y por el desconcertante Gorcarrete.

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