Se inicia la Semana Santa en nuestro país. Semana de pasión la que tendremos nosotros, los afortunados que gozamos de vacaciones. Pasión por andar en bicicleta. Pasión por salir de la ciudad. Pasión por escuchar el sonido de las montañas. De poquito a poco nada, yo ya estoy pensando en pisar tierra con mi querida Zen. Y será toda la semana. Siete días seguidos poniendo mis piernas a prueba. Siete días escuchando el sonido de mis ruedas al bajar a máxima velocidad. Un lujazo que me pienso permitir ya que esta asegurado el buen tiempo y lo demás lo pienso poner yo.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
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