No importa el nombre del pueblo. Solamente lo habitan 13 ancianos. Las aldeas que lo rodean siguen su misma suerte. Pero sigo sintiéndome afortunado por poder adentrarme en su alma. Sus habitantes conservan actitudes que nosotros hemos perdido en las ciudades. La hospitalidad, el gusto por hablar y las ganas de contar historias hablan de su ingenuidad ante la vida, Claro está que lo anteriormente citado se pierde cuando hablamos de lindes de fincas o de terrenos de pastos. En Vilarxubin encontramos todo eso y mucho más. Nos ofrecieron unas mandarinas y nos dejaron pasar a su humilde cocina. Aunque la humildad se convertía en lujo al mirar para los techos.
Se nos muere el campo, las aldeas y un estilo de vida. Y con todo ello se queda despoblado el campo y olvidada una ingente fuente de riqueza . Por suerte encontramos jóvenes ( de 60 años) que sienten pasión por todo lo citado. Y como no podía ser de otra manera esto pasa en un reducto celta.

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