Después de más de un mes encerrada en su trastero, mi querida Zen estaba ansiosa. Con su nueva calzado, gentileza de Ciclotecnia, y recién lavada y engrasada, lo que más le apetecía era volver a pisar tierra. Acelerada y con el ritmo alto se metió rápidamente en la senda que la llevaría a la colina más cercana. El que escribe haciendo malabarismos para estar a la altura. Estas jóvenes siempre quieren más, no te dejan respirar. Les da igual subir que bajar, sus neumáticos siempre inclinados y con el máximo agarre posible. Tuvimos poco tiempo para hablar. El descanso justo para hacer una foto y vuelta al tajo.Ahora sentado delante de mi ordenador solamente me queda relajarme y pensar en la próxima salida.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.

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