Después de más de un mes encerrada en su trastero, mi querida Zen estaba ansiosa. Con su nueva calzado, gentileza de Ciclotecnia, y recién lavada y engrasada, lo que más le apetecía era volver a pisar tierra. Acelerada y con el ritmo alto se metió rápidamente en la senda que la llevaría a la colina más cercana. El que escribe haciendo malabarismos para estar a la altura. Estas jóvenes siempre quieren más, no te dejan respirar. Les da igual subir que bajar, sus neumáticos siempre inclinados y con el máximo agarre posible. Tuvimos poco tiempo para hablar. El descanso justo para hacer una foto y vuelta al tajo.Ahora sentado delante de mi ordenador solamente me queda relajarme y pensar en la próxima salida.

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