A estas alturas del año me encanta salir del trabajo, llegar a casa corriendo y ponerme la equipación ciclista. Salir pitando , mirar la hora en uno de los múltiples paneles de la ciudad y darlo todo en las dos próximas horas de bicicleta. Es el tiempo justo para llegar a la cima de la colina y contemplar como el sol da sus últimos destellos. Las montañas se ven preciosas en la lejanía. Inicias el descenso y llegas con las primeras luces de la noche a tu casa. ¡Se puede pedir más para un fin de día!
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
Comentarios
Publicar un comentario