A estas alturas del año me encanta salir del trabajo, llegar a casa corriendo y ponerme la equipación ciclista. Salir pitando , mirar la hora en uno de los múltiples paneles de la ciudad y darlo todo en las dos próximas horas de bicicleta. Es el tiempo justo para llegar a la cima de la colina y contemplar como el sol da sus últimos destellos. Las montañas se ven preciosas en la lejanía. Inicias el descenso y llegas con las primeras luces de la noche a tu casa. ¡Se puede pedir más para un fin de día!
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