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¿Vale una vida 86 millones de pesetas?

Todo era normal aquel día de fiesta. Disfrutando de la compañía de mi amigo subimos cuestas y pedaleamos hablando de nuestras cosas. Era un lunes soleado y festivo en nuestra comunidad. Tuvimos la ocasión de saludar a cantidad de conocidos que decidieron pasar el día haciendo lo que más nos gusta. Todos con sonrisa en su cara y gesto amable. Con los más amigos nos paramos a charlar. Con los que tenían avería nos paramos a colaborar. Con los hermanos sentados en la terraza compartimos unos modestos segundo. Para finalizar la mañana mi amigo me invitó a una cervecita en la terraza del bar más famoso del pueblo.
  Hasta aquí todo normal pero en el momento que se acerco a nosotros la historia del día empezaba a cambiar. Su brazo en cabestrillo totalmente inerte, su escaso hilo de voz y su historia nos dejaron helados. Se paró a mirar nuestras bicis e inició la conversación con una media sonrisa . Nos hablo de lo afortunados que éramos por andar en bicicleta y siguió con un triste " yo también lo hacia pero..." En ese momento deseamos que no siguiese pero... Un coche a 120 por hora, una raya continua y un adelantamiento indebido le llevaron un año al hospital y toda una vida rota. Si cabeza tampoco es la que era, esa memoria tiene agujeros negros por todas partes. Su compañero de fatigas se libró de casualidad. El con una prejubilación a dos meses vista y unas posibilidades infinitas de pasárselo bien, se perdió por las salas de hospital. La pregunta se quedó en mis labios. ¿Eres feliz? Su respuesta ya estaba encima de la mesa y el tenía prisa por tomarse el café que se enfriaba en la barra del bar.

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