Casi siempre resulta sencillo relacionarse con gente viajera. Pero si viajamos en bicicleta la afinidad hace que las cosas sean más sencillas. Ahora mismo echo a vista atrás y empiezo a recordar los encuentros vividos en este particular viaje. En primer lugar la bicicleta del chinchinabo que estuvo a la altura en los 60km de compañía por el camino francés y su joven propietaria que me brindó una fantástica comida en Mansilla de las mulas. Seguido del gran Paul que con una sola mirada me puso las orejas tiesas y me dio toda una lección de fuerza y serenidad. ¡Menudo tipo, con una titan desert en las piernas y como si nada! Todo un ejemplo de muchas cosas. Y la pareja de hermanos del pueblo ese de Burgos, el de los nombres raros. Su gran lección sobre la cadena de montaje de Iveco y un buen ejemplo para su hermano. Genial eso de ir a comprar ropa para estar igual equipados. O el italiano con en tobillo izquierdo destrozado y con su gran bicicleta de paseo estaba en todas partes. O el grupo de Fromista, cicloturistas de diversas partes que el camino les unió y les hizo llevar el humor en el cuerpo. O las decenas de grupitos que nos adelantaban a toda velocidad pero que tenían un segundo para saludarnos y mirarnos con una gran complicidad.
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