Lo de viajar en solitario tiene sus inconvenientes. Sin el trípode resulta muy difícil hacerte la foto que te imaginas. Tampoco es fácil mantener una conversación prolongada a la velocidad de 15/20 a la hora. Las flores te miran al pasar y no les da tiempo a articular palabra. Pero con las personas el tema es muy diferente. Los niños te miran sorprendidos, ves el brillo en sus ojos y estoy seguro que más de uno se imagina, en unos años, haciendo algo parecido. Los ancianos se acercan y sienten ternura al ver tu cara de fatiga. Sabes con certeza que te contaran alguna historia de los años mozos. Siempre aprendes algo, su vida suele estar llena de tremendas historias vividas a pocos kilómetros del lugar que pisas. Las personas maduras se esfuerzan por darte información valiosa para tu itinerario. Los trabajadores de campo te miran desde sus inmensos tractores sorprendidos por nuestra fragilidad y lo innecesario de nuestro esfuerzo.
En general una persona viajando en bicicleta genera algo positivo en los lugareños que te ven pasar. Nuestro sillín es un lugar privilegia do, un balcón desde el que te puedes hacer una imagen muy acertada del lugar que visitas.
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