Inicio mi particular viaje a Itaca con las mismas expectativas que las del poema de Cavafy. Había diseñado un recorrido con el único objetivo de poder ver pasar la vida desde el sillín de mi querida bicicleta, y bien que lo he conseguido. Solamente 5 días de rodar en solitario, de ver girar mi sombra de lado a lado, de sudar y volver a sudar. Han pasado los kilómetros en mi velocímetro y con ellos olores especiales, rostros particulares y recuerdos que ya son parte de mi historia. Desde la octogenaria de Tanger y su dulce voz, hasta el rally que me marque con Paul y que me dejó sin aliento.
Pero al final ¿qué pasa con Itaca? ¿ Hemos aprendido algo? ¿ Nos hizo mejores personas? . Reviso la foto que te posteo y veo el fondo con sus mensajes, y escucho la música que allí sonaba a todo volumen. El olor a maría hizo que aquello me pareciese un espejismo, una isla en el cálido desierto.La compañía con la que llego es un lujo no merecido. Aquel café con hielo a 38º me sabe muy bien. Mi compañero a la vez que me "tira" la foto me brinda un punto de equilibrio. Nuestras bicis fuera totalmente desprotegias La música del camino, música alegre y potente. Me dicen que Elvis estaba por allí y no tengo más remedio que creermelo. Veo la bici de mi compañero por un día y me río del xt y de los componentes ultra ligeros. Pude comprobar que la fuerza, la energía y la gana de caminar por la vida esta en otros sitios. Necesitamosmuypocopara hacerdeaquelmomentoalgomágico.
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