Seria un poco necio si en mi viaje por Holanda solamente hubiese utilizado mi mirada unidireccionalmente. La comida ha estado en un lugar preferente. Esos arenques crudos, esos desayunos de cuento, la comida callejera y la hecha a la luz de las velas.
Particular mención merece lo del orgullo gay. Estar en Ámsterdam y ver los canales llenos de gente, las plazas con sus dj poniendo música y todo el mundo de fiesta ha supuesto uno de los mejores momentos de mi periplo. He visto un pueblo alegre, relajado y siempre amable.
Lo de Parade tampoco estuvo mal. Un local totalmente decadente y abarrotado con sus teatros de travestidos, sus cines en blanco y negro y los tiovivos para adultos. Mucha cerveza por todos lados y mucha comida de todas partes del mundo.
Las cervecerías, los cafés, los coffee shop y las tiendas siempre llenas con gente comprando. Los cajeros con colas, los músicos callejeros, las estaciones abarrotadas y ese delirante the color runer que nunca se me olvidará.
Y todo regado con la mejor de las compañias
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