Es verano y estamos en las horas centrales del día. El sol cae a plomo en mi ciudad. Nos encontramos en un cruce de caminos. Apenas hay trafico y es el momento de tomarse una siesta. No importa la raya amarilla de prohibido estacionar, ni el ruido del bar de enfrente. En su cabeza no sonará Playing with my friends. Media hora y ya estaremos listos para enfrentarnos al resto del día.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
Un acto hermoso, permitirse el descanso, desde dentro hacia afuera y en cualquier lugar.
ResponderEliminarDesde otra atalaya con fondo verde, un abrazo.