Salimos corriendo de nuestro trabajo. ¡Por fin ha llegado la primavera! Buscamos un lugar bonito para acabar la jornada. La lluvia se ha transformado en cielo azul, aire cálido y viento en calma.Nuestro destino era un lugar más bien solitario. Parejas estrujando su amor y algún caminante atrevido querían ser testigos del momento. Para rematar la escena un color de mar que pocas veces se encuentra. Las justas cuestas que nos hicieron sentirnos fuertes y nos dejaron un pequeño agujero que luego taparíamos con una deliciosa lasaña de espinacas.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.
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