A esa hora tranquila pasearse en bicicleta me sienta genial. El agua del cantábrico que te ofrece miles de delicadas sensaciones. Lugares en otros momentos abarrotados de gente y que a esa hora son solo para nosotros. La magia del atardecer y la alegría de acabar otro día más con aprobado. La suerte de haber presenciado como ese niño daba sus primeras pedaladas( magia pura). La suerte de que tu bici y la del que te acompaña descansan felices contemplando el oleaje. El tipo campechano que te habla de sus prismáticos Swarovski. Los conocidos que te saludan al pasear. Y la luz que se filtra entre los mástiles de los barcos. Placeres que día a día van ganando más adeptos y que nos alegra poder compartir con el amigo que lee esta bitácora mientras escucha la canción del gran Nino.
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