Sol, lluvia, lluvia, sol y más sol y más lluvia y viento y niebla. Es lo que toca en esta época del año. Como mis ganas de salir son inmensas, no me he librado de pillar mojaduras enormes, de pasar a ratos( más bien escasos) calor, sufrir viento de cara y de costado( ni una sola vez de culo) pero como dice un buen amigo " nos gusta el monte y compramos bicis para andar por los caminos. Si no quieres esto solamente tienes que comprarte una bici estática y pedalear en el salón de tu casa". Pero lo de estas semanas esta siendo curioso, por las mañanas nos mojamos en las montañas y por las tardes nos mojamos con nuestras monturas urbanas. Lo cierto es que he logrado disfrutar en cada salida y que he disfrutado gracias a esa meteorología adversa. Cuando te espera una buena ducha al llegar a casa todo se ve de otra manera.
Amanecer y atardecer de un 4 de mayo. Esta es la última pagina del diario de la cuarentena. El aire nos da en la cara mientras nos desplazamos por nuestra cuidad. Disfrutaremos de nuestra reducida cuota de libertad y aprenderemos de lo sufrido, de lo padecido y de lo vivido. La ventana se ha cerrado y el teleobjetivo descansa en la estantería. La tarjeta de memoria está llena y descargaré esos trocitos de vida, poco a poco,en próximas entregas. Ha sido un tiempo difícil, del que hemos aprendido muchas cosas. Este cruce de caminos nos ha enseñado lo mejor de los que por aquí pasaron. Un barrio lleno de inseguridades, cosmopolita, multiracial y muy amable. Se nos han quedado muchas cosas en el tintero pero tenemos buena memoria y el tiempo que nos administran nuestras autoridades, lo utilizaremos para estos menesteres. De momento respiremos el aire limpio que nos ha dejado esta desconcertante pandemia.


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