El arco iris del viernes por la mañana no indicaba que disfrutariamosde un fin de semana soleado pero mis labios agrietados nos indican otra cosa. Unas cuantas horas en bicicleta unas veces bajando como podíamos, otras sudando por enormes cuestas y muy pocas veces por el llano. Una larga ruta en solitario, otra acompañado por un ilustre tipo y como colofón la compañía de algunos pros que nos pusieron a prueba(por suerte el sonido del tambor respondió)
Al final quedan en nuestra retina las preciosas vistas de la ciudad, las sensaciones de las bajadas entre los rayos que se filtraban en aquel bosque ,los olores de la madera y los sonidos de los pajarillos.
Pero sobre todo la conversación tranquila con el amigo, las risas sumadas a los planes para los próximos meses y el equilibrio personal que te da recorrer el mundo en solitario.
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