Ha sido un gran año, hay que reconocerlo , pero siempre hay alguna espinita que se te queda clavada. La mía la puedes ver en la imagen. Una espina que me acompaño tres semanas completas y que gracias a un buen antibiótico que me dieron en Trevelez, y la mano experta de todo un cirujano(de nombre Javier), se quedó en el refugio de Poquerira. El cachondo de medico de guardia de mi distrito, tras una minuciosa exploración llegó a la conclusión de que no tenia nada. Su aguja recorrió con tranquilidad y profundizó en el discreto bulto que me salio en el muslo. Un bulto que me dejo ko 20 días y al que no dí demasiada importancia, pese a que a la hora de acostarme y cuando pedaleaba, me recordaba que estaba en prisión y que no encontraba una salida digna a tan embarazosa situación.
Aquel día en Trevelez me di cuenta de que ya no me quedaban ganas de seguir aguantando sus constantes pinchazos y con un simple buen consejo y 3 humildes euracos de crema antibiótica, en 24 horas tenía solucionado el problema.
Pero esa es la única espinita que en estos momentos quiero recordar. Claro que se me clavaron otras espinitas pero no es ni el día, ni el momento para recordarlas. Pensemos en positivo y recordemos aquellas cosas que nos hacen más grandes, que nos hacen mejores y que llenan nuestros corazones con los colores del arco iris. Pongamos nombre a los rostros amables que nos endulzan la vida y comencemos un nuevo año a su lado. Soñemos con recorrer de su mano los caminos y deseemos superar las dificultades con su apoyo. Y brindemos y volvamonos locos por lo menos otros 365 días
