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En las terrazas al atardecer

Nada como un paseo en solitario para poder interactuar con el mundo que te rodea. Si vas solo observas más, escuchas más, hueles más y disfrutas lo mismo. La compañera de mi linda pulgosa se puso a nuestro lado y nos pidio compartir ese momento mágico que es el atardecer de un caluroso día de verano. La terraza Chill-out nos brindaba una bonita música. La tumbona sobre la que nos recostamos nos dejaba en una posición relajada. El olor a maría nos invitaba al buen rollo. La música de fondo era la apropiada para el lugar y la conversación en la que nos metimos hizo que mi apreciada Linda Pulgosa se resistiese a retomar la marcha. Pero ya se sabe, las bicicletas están hechas para rodar, las estaciones llegan a su fin y las cervezas de la terraza tienen precio de Gran Vía madrileña...

Comentarios

  1. Suscribo lo de los precios de cerveza!!! pero en la Gran Vía Madrileña, no hay el paisaje y la tranquilidad que hay en este pequeño paraiso.

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  2. El olor de la tal María atenuaría el dolor del sablazo. Lo dicho, lo que no consiga un buen aroma a mujer...

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana