Lo de ponerse en el lugar del otro siempre me ha gustado. Mientras recorres la ciudad en tu bicicleta vas viendo pasar a personas y vas imaginando sus vidas, sus ideas, sus aspiraciones etc. En el breve tiempo que pasas delante de tus retinas te da tiempo de saber si están tristes, alegres, enfadados etc. Si cruzas sus miradas la historia va mas allá y te puedes enterar de más detalles de su personalidad. Las miradas aunque sean fugaces te transportan al interior, te hacen entrar en su mundo, sin quererlo por un instante has hecho un bonito viaje.
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