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Encuentros en la cocina de la universidad
Una simple mirada fue suficiente para saber que era el. Lo había visto en las paredes de mi ciudad, había visto sus exposiciones y no podía imaginar que en algún momento de nuestras vidas nos cruzaríamos. Su mirada de niño bueno le delató. No podía ser otro. Delante de mí estaba el Sr.X. Era el espacio ideal. Rodeado de artistas y en un lugar que perfectamente podía ser una galería de arte de Berlín. Si queréis saber algo de su biografía solamente tenéis que ampliar la imagen. Yo espero volver a encontrármelo en cualquier apartado rincón de la ciudad. Se con certeza que, en alguno de sus trabajos se acordará de los bicilovers que le seguimos y también se con certeza que aceptará de buen grado dar un paseo nocturno con el que escribe, para descubrir todo el arte que esconden nuestras paredes.
Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.
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