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Musica en la calle

Mi cabeza buscaba el relajante sonido del mar para dejar atrás un día cargado de tensiones y de situaciones dificiles. Pero frente al atardecer la encontré a ella. Su música sonaba con la suavidad que da el encontrarse en lugares de paso. Me paré, deposite una moneda en su sombrero y con el derecho que da haber pagado la entrada, me recoste sobre mi querida bicicleta a escuchar bonitas canciones. No encontré la paz que buscaba, pero si un momento de reflexión.

Un cantante, una guitarra con su altavoz y un perro que ejerce de convidado de piedra. En esta bitacora rompemos una lanza a favor de la cantante de Zamora, su perro y todos los que se dedican como ella, a poner una nota de dulzura en nuestros paseos. Nos gusta su manera de entender la vida, nos gustan sus canciones y admiramos la valentía que tienen las personas que deciden dedicarse a vivir de lo que más les gusta. Sueños que se hacen realidad y personas que tienen una opción de vida muy diferente a la nuestra.

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Suena bien esa guitarra y la voz desgarrada de esos dos.

¡Vaya día!

Lo veía todo negro. Mi Linda Pulgosa en el taller. Mi querida Lumix dandome la lata. El arroz pegado en el fondo de la satén. Para colmo una de mis dos jarras de cerveza se me hizo añicos( que risa jajaja) y el fondo del fregadero lleno de loza de mi vajilla duralex de la década de los 80. Pero como hay que buscar lo positivo de todas las situaciones, la tarde es soleada y calurosa y eso me permite salir a tomar el aire a la orilla del mar. Me tumbo en el césped y la luz del atardecer acaricia mis pies. Entonces me doy cuenta de que lo negro es blanco y lo blanco es negro. Que lo que apreciaba era simplemente una imagen que había creado en mi cerebro y que con otro filtro, la cosa sería totalmente diferente. Mi mente tenía que ser fuerte y mi corazón tenía que ser sensible.Mi cámara me lo ha confirmado y te lo demostrará si ves el post que he programado para esta noche.

Esos 4 segundos en los que el atardecer es del color que a tí te de la gana