Perderse en el camino en esta ocasión fue encontrar un paraíso. Cerca de Villalba con 40º y perdidos en un camino cualquiera.
Una familia nos invita a un poco de sombra y un vaso de agua que finalmente se convertiría en zumo de cebada.
Resultado dos horas de tertulia en la que arreglamos el mundo y la tranquilidad que te da pararte cuando encuentras alguien que merece la pena. Aquellos dos matrimonios de jubilados, entre todos no hacían una dentadura completa. El orujo entraba en sus gargantas con gran facilidad. Los restos de una gran comida a la sombra de la higuera. Y una gran sobremesa que ya ha pasado al top 10 de los bonitos recuerdos del verano.
Por eso las prisas en los viajes en bicicleta tienen que ser algo relativo. Seguiremos recorriendo mundo mientras encontremos personas como aquellos vitales gallegos.

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