Más de ocho horas en un tren dan para mucho. El continuo sube/baja de pasajeros es una autentica caja de sorpresas. Nos gusta observar y sobre todo interactuar con todo tipo de gente.
Es muy fácil encontrar personas como el amigo de la imagen. Personas que llevan la casa a cuestas en bicis de muy escasa calidad. Pero lo importante esta detrás de toda esta parafernalia. Personas muy cerca de la exclusión social pero con una filosofía cuando menos interesante. Entre desvarios, risas y chistes soeces encontramos posturas vitales interesantes. Por desgracia a esas buenas ideas se suman otras peregrinas sumadas a acciones extrañas.
Lo cierto es que en aquel tren montamos una tertulia muy divertida, que hizo el viaje algo más ameno. Solamente deseamos que se cumplan sus terrenales deseos y esperamos encontrarle en otro tren de esos que llevan nuestras bicicletas, no sin pocas dificultades.

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