Recorriendo la Tierra de Campos llegamos a Castellanos y vimos lo que nos ocupa. Un pueblo pequeño en fiestas ( mínimo diría yo). Una pista de baloncesto con sus banderitas de España y de la comunidad y en el centro una pequeña exposición de bicicletas clásicas. Una decena de entusiastas de la bicicleta afincados en Guardo exponían allí sus tesoros. Bicicletas conservadas con mimo. Bicicletas restauradas con autentica pasión. Un tesoro para la media docena de visitantes que nos acercamos al pueblo.
El que escribe sentía la tristeza del olvido. Veía el abandono de los pueblos. Vivía el incierto futuro de nuestro campo. Hablaba con los mayores que allí peleaban por que se abriese el bar para poder echar diariamente su partida de dominó.
Una pena y un dolor que hoy queremos compartir con todos los que por aquí pasáis y tenéis la sensibilidad adecuada para comprender este tipo de cosas.



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